
MULTIVERSO JOURNAL | ISSN: 2792-3681
Volumen 6, Número 10, Edición Enero-junio de 2026
https://doi.org/10.46502/issn.2792-3681/2026.10.11
Cómo citar:
León, J.J. (2026). Reseña. Multiverso Journal, 6(10), 121-122. https://doi.org/10.46502/issn.2792-3681/2026.10.11
Cuarenta septiembres: la memoria sentimental de una generación
José Javier León
Docente en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Licenciado en Letras por La Universidad del Zulia con una maestría en Literatura Venezolana; Doctor en Ciencias para el Desarrollo Estratégico. Director de la Editorial Urgente. - Email: joseleon1971@gmail.com
Francisco de la Masa
Leer Notas sobre lo cursi, en: https://www.analesiie.unam.mx/index.php/analesiie/article/view/911/898
Fue Federico García Larca,
quien decía confidencialmente una vez a un amigo:
«No lo digas, pero me encanta la mala música».

Hay libros que destilan el ambiente de una época y calcan —digámoslo así— la atmósfera mental de una sociedad. Libros en los que las referencias a autores, cantantes, eventos sociales y políticos aparecen en el mismo tono en que se desenvolvieron otrora, de modo que leerlos es como trasladarse y estar allí: vivir o revivir y, sobre todo, pensar y sentir. Cuarenta septiembres (Editorial Urgente, 2026) es una novela en la que se suspende la razón para dejar, como en carne viva, los sentimientos que entonces —hablo de quienes nacimos en la segunda mitad del siglo XX— teníamos, manifestábamos, éramos...
Está la noche de la fiesta en el barrio, la calurosa sala a media luz con la música del momento, ese ardor en el estómago como una corriente que nos sacudía y nos llenaba de suspiros, de palpitaciones. Ese beso —a veces leve, otras profundo— entre chanzas y francachelas, con el único compromiso de ser felices bajo la luna que plateaba las calles silenciosas. Es esa adolescencia de camaradería que encontraba forma en el grupo de música o en el coro de la iglesia, y que luego, en la universidad, se tornó combativa.
Eran los años del auge neoliberal, del no hay otra opción, y las reivindicaciones estudiantiles le daban forma y sentido a la dinámica urbana. Era cuando existían las ciudades universitarias con su bulliciosa y activa población estudiantil que surcaba las calles e inclinaba las economías citadinas, en capitales grandes o pequeñas.
Algo de todo eso está en esta novela de Johel Salas, trabajador social venezolano nacido en Punto Fijo y residenciado en Maracaibo, que encontró en una narración directa, sin metáforas, la manera de contar una historia —acaso la suya, acaso la de todos un poco— en tanto atravesamos ese tramo de la historia de Venezuela y más allá, performateados por un mercado musical y televisivo que nos reunía a las mismas horas frente al televisor, mientras Juan Gabriel y Rocío Dúrcal se alternaban infinitamente.
No es Johel novelista, pero escribió una historia que él podía contar, con la llaneza y la espontaneidad que solo se permite quien juega a escribir y lo hace en serio, con todo lo que tiene. Y se atreve a escribir un relato que lo pinta de pies a cabeza: un retrato suyo y el de una generación.
Lo conozco desde hace al menos treinta años y sé de su pasión por la música, pero además me convence de una obviedad que cobra fuerza y encarnadura: somos la nostalgia.
Todos guardamos una historia, pero poquísimos se dan a la tarea de darle forma y la fuerza de un relato que, además, comulga y religa, junta y emociona. Porque ciertamente hay una especie de coto vedado, de tierra u orilla a la que solo algunos arriban para mostrar —y demostrarse— su talento. La literatura tiene su ciudad amurallada y sus torres de cristal.
Johel escribió una historia para decir y decirse y, en esa historia de amor en la que de algún modo nos encontramos, nos late la sospecha de que de esa forma ya no se amará más. Que esa sensibilidad que se explaya en la estética de lo cursi no tendrá, al igual que Macondo, una segunda oportunidad sobre la tierra.
«El amor, para los cursis —dice De la Masa—, es esa continuidad romántica de los amoríos adolescentes, sin que nada empañe el encanto, sin que nada perturbe los sentimientos, siempre los mismos. Lo cursi es casto, o cuando menos honesto, y desconoce pudorosamente cuanto pueda conducir a algo indecoroso en el amor». Es en esta estética que se inscribe la novela de Johel Salas; en este ámbito despliega sus coordenadas. Y como dice De la Masa, para darnos además los elementos que apuntalan la tragedia: «lo cursi es toda una actitud vital que es necesario comprender. Cursi es el ensueño diario de la humanidad que se imagina mejor de lo que es, elevándose por la imaginación a deseadas categorías imposibles de cumplir». Allí nos encontramos con los sueños de justicia de Jovanny, que fueron los de una juventud que se inmoló frente a la represión que configuraba las formas de hacer política y, más tarde, negocios.
En ese sentido, Cuarenta septiembres es una ventana a esas décadas postrimerías del siglo pasado y cumple así —sociológica y, por qué no, antropológicamente— con el retrato en vivo de un momento en el que creíamos que tendríamos para siempre diecinueve años. Este artículo no presenta ningún conflicto de intereses. Este artículo está bajo la licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY 4.0). Se permite la reproducción, distribución y comunicación pública de la obra, así como la creación de obras derivadas, siempre que se cite la fuente original.
