MULTIVERSO JOURNAL | ISSN: 2792-3681

Volumen 6, Número 10, Edición Enero-junio de 2026

https://doi.org/10.46502/issn.2792-3681/2026.10.12

Cómo citar:

Luján Palma, E. (2026). Reseña. Multiverso Journal, 6(10), 123-126. https://doi.org/10.46502/issn.2792-3681/2026.10.12

 

RESEÑA

 

 

Eugenio Luján Palma

Consejería de Educación, Cultura y Deportes, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Sonseca, Toledo, España. https://orcid.org/0009-0003-5042-9219 - Email: eugenio_lujan@hotmail.com

 

 

Vidovic López, J. F. (2026). Los renacimientos medievales: Redes de traducción, saber y fe entre judíos, musulmanes y cristianos. Del Renacimiento carolingio al círculo toledano, las universidades y la escolástica, siglos VIII-XIII. Fundación Ediciones Clío. https://doi.org/10.5281/zenodo.21333305

 

 

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El libro se encuadra dentro de la corriente historiográfica contemporánea que combate los mitos sobre la Edad Media, alineándose a las tesis defendidas por el filósofo francés Etienne Gilson, y a quien Jacques Maritain secundó, en la polémica de 1931. La discusión sobre si a este periodo histórico debía negársele relevancia filosófica y pasar a ser estudiado estrictamente desde la pura teología y religión, fue cerrada desde la convicción de que la revelación cristiana actúo como preocupación a partir de la cual estos hombres medievales reflexionaron sobre la realidad. El Dr. Vidovic no niega, por tanto, el carácter filosófico al pensamiento medieval en las diferentes formas y culturas que lo analiza: fundamentalmente desde la islámica, la hebrea y la cristiana. Y de este posicionamiento nace la fuerza argumentativa del libro, al centrarse en mostrar cómo no se trató de una época oscura para el pensamiento que, recluyéndose en monasterios, abadías y lugares de meditación, pasó siglos invernando, en estado latente, esperando la llegada del luminoso Renacimiento, porque: “La historia del saber medieval no comienza en las universidades ni en Toledo, sino en estos espacios tempranos donde la escritura fue custodiada como memoria, disciplina y promesa.” (p. 29).

 

Para entender su estructura, es necesario detenerse en analizar otra importante aportación de este estudio. En él destaca como horizonte explicativo la idea que guía al lector mediante datos empíricos y precisos argumentos, hacia una reconstrucción histórica de la humanidad libre de los sesgos introducidos por el romanticismo: deconstruyendo esa visión falaz que la interpreta como una curva siempre ascendente y progresiva. Constantemente, sus reflexiones trasladan al lector la visión de la historia de la humanidad con la forma de dientes de sierra: con momentos brillantes y de gran apogeo, juntos a otros de conflictos, guerras y persecuciones: “La circulación del saber se produjo en medio de guerras, conquistas, conversiones, sospechas, polémicas religiosas, persecuciones, jerarquías jurídicas y censuras” (p. 169).

 

El Dr. Vidovic emplea su maestría divulgativa y experiencia investigadora en fundamentar cómo de los siglos VIII al XIII tuvieron lugar diversos renacimientos con características y peculiaridades propias, para terminar, afirmando con toda contundencia que: “Por eso, antes del Renacimiento, hubo renacimientos” (p. 172). Y, precisamente, el núcleo del libro se centra en clasificar los diferentes tipos que el autor considera que se dieron, antes de la aparición del italiano para iniciarse con él la época moderna. Así, comenta con un detalle exhaustivo:

 

El renacimiento carolingio, relacionado con la educación clerical, la copia de manuscritos, y la construcción de la que denomina “cultura imperial cristiana”.
El movimiento de traducción en la cultura árabe: gracias al cual el pensamiento griego podrá ser transmitido (sobre todo la mayoría del corpus Aristotelicum) a los siglos posteriores.
Espacios de contacto tanto en el ámbito de Al-Andalus como de las zonas sefardíes, en las que musulmanes, judíos y cristianos pusieron en práctica formas de convivencia entre las continuas tensiones, buscando formas de mediación.
El movimiento traductor de Toledo (que en la ciudad de Toledo seguimos reivindicando en la forma de: escuela de traductores). Ejemplo de cómo a través del conocimiento mutuo pueden buscarse puntos de encuentro y acuerdo para tolerarse. Nudo gordiano de la expansión posterior del aristotelismo, y -con él- la aparición de la floreciente intelectualmente alta edad media.
El Renacimiento del siglo XII, tras el nacimiento de la escolástica de la mano de Anselmo de Canterbury, al mediar en la disputa entre dialécticos y teólogos en el siglo XI.
El apoyo necesario de instituciones como las Universidades, donde se impuso el método escolástico con la lectio, la quaestio y la disputatio.

 

Evidentemente, sin los monasterios y sus consiguientes salas de scriptoria para el fatigoso trabajo de los amanuenses; sin Cortes que refrendaran su estudio ni escuelas carolingias que fomentasen la educación clerical desde el uso del latín; sin centros del saber cómo Bagdad o Toledo: sin ellos, ni el conocimiento helénico habría llegado de nuevo a Europa, ni hubiese madurado en los compendios de saber (o summas) que produjeron las Universidades. Instituciones que el Dr. Vicovic se encarga de señalar, pero que -volviendo a su acertada interpretación desde el evidente materialismo histórico-, no podían funcionar si no era por el compromiso de personas concretas. De filósofos, matemáticos, religiosos, astrónomos, médicos,… de la talla de: Boecio, Isidoro de Sevilla, Al-Farabi, Avicena, Averroes, Maimonides, Juan Hispano, Pedro Abelardo, Alberto Magno, Tomás de Aquino,… por citar quizá a los más representativos. Figuras principales y protagonistas de esta época medieval, a la que individualmente aportaron sus teorías, pero que no podemos dejar de comprender como una red de conocimientos, en la que “todos formaron parte de la trama: la del saber cómo trabajo colectivo.” (p. 169).

 

Una red de conocimientos cuyo hilo conductor fue la traducción. Práctica que no se limitó al mero trasvase lingüístico de términos de un idioma a otro, sino que se convirtió en una auténtica asimilación de conceptos e ideas nuevas desde las que intentar comprender la realidad en la que vivían las diferentes culturas monoteístas tratadas. “Este proceso permite afirmar que el saber antiguo no “pasó” simplemente de Grecia al islam y del islam a Europa. En cada etapa fue transformado. El griego se convirtió en árabe técnico; la medicina galénica se integró en hospitales y manuales; la astronomía ptolemaica fue calculada y revisada; la filosofía aristotélica dialogó con el islam, el kalam y la teología. La traducción creó una nueva tradición” (p. 64).

 

Así, desde esa “conservación activa” -como le gusta al Dr. Vidovic definir la Edad Media-, dentro de sociedades multiculturales no exentas de conflictos diversos, fue como tuvo lugar el traspaso del conocimiento antiguo pero reinterpretado desde las diferentes culturas que interactuaron: “El saber no viajó porque el mundo medieval fuera pacífico, sino porque incluso en escenarios de conflicto existieron necesidades intelectuales, administrativas, médicas, astronómicas, teológicas y filosóficas que obligaron a cruzar fronteras” (p. 169).

 

Interacción de una riqueza cultural que permitió, por ejemplo, que apareciera el movimiento cultural más importante de la Edad Media: la escolástica. Donde el pensamiento cristiano asimiló la manera de actuar del islam, y utilizó la razón para reforzar la fe. Como ya se ha mencionado, fue alumbrado por Anselmo de Canterbury para mediar en el conflicto más importante del siglo XI: la disputa entre teólogos y dialécticos. A la que le encontró la solución mediante el argumento ontológico, que no es más que un ejemplo del uso de los argumentos racionales para reforzar la fe. Pero, como muy bien señala el Dr. Vidovic: “No fue una simple prisión de la razón [...] Fue un método medieval para pensar con autoridades múltiples. La lectio, la quaestio y la disputatio permitieron convertir textos heredados en problemas argumentativos. […] La tensión entre razón y fe no fue eliminada: fue organizada.” (p. 169-170).

 

Movimiento cultural que tiene a su máximo representanta en Tomás de Aquino. Su pensamiento es un ejemplo de este sincretismo cultural, donde el traspaso del conocimiento antiguo arrastró con él las nuevas interpretaciones: “La península ibérica medieval obliga a pensar la historia intelectual europea de manera más amplia. El conocimiento que más tarde llegaría a las universidades no procedía solo de monasterios latinos ni de escuelas cristianas. También venía de bibliotecas árabes, comentarios musulmanes, filósofos judíos, médicos cortesanos, poetas hebreos, comunidades mozárabes y traductores fronterizos” (p. 81).

 

Convirtiendo su propuesta en revolucionaria para aquel momento (evidentemente, obsoleta hoy en día) porque: reivindicó conceptos de un pagano como Aristóteles para reforzar la fe revelada, utilizando el método de esos sarracenos contra los que en la península ibérica se luchaba por expulsar. Lo que le llevó a la incomprensión del momento, y a la condena: “Allí donde la razón filosófica parecía avanzar más allá de los límites aceptables, aparecía la censura. […] Sin embargo, esas prohibiciones no detuvieron al pensamiento. En muchas ocasiones, le obligaron a distinguir, precisas y reformular. La vigilancia doctrinal fue real, pero también lo fue la creatividad intelectual que surgió dentro de estos márgenes” (p. 170). Por cierto, siglos después (en el XVI), Aquino será reconocido como Doctor de la Iglesia, por haber desplegado esa misma labor intelectual por la que fue censurado.


Aunque en el libro es tratado de manera tangencial, porque no es un problema central en su temática, disiento de la afirmación sobre Europa y -por extensión- a la Unión Europea de hoy, que propone el Dr. Vidovic. “Europa fue una red antes que una esencia.” No creo en la existencia de las esencias, y menos referidas a los pueblos; por el contrario, sí me siento muy identificado con esa otra que vertebra todo el presente estudio: “Europa se formó leyendo textos que habían pasado por muchas manos” (p. 81). Hago este inciso que, aunque lo parezca, no es nada extemporáneo al relato, porque hoy en día observo con mucha inquietud cómo los nacionalismos excluyentes y aires de totalitarismos comienzan a copar las instituciones de la Unión Europea, previo paso por la de sus países miembros.

 

No entiendo otra manera de ser europeo, que la de pretender conocer el presente desde estructuras intelectuales heredadas, que posibilitarán hoy una cosmovisión determinada, y que -a su vez- heredarán los europeos del futuro con la obligación de su continua revisión desde las diferentes sensibilidades que configuran sus distintos pueblos. De tal manera que apelo a ese mismo esquema de riqueza cultural que se vivió en esta época, tan bien diseccionada por el Dr, Vidovic, como la característica común del ciudadano europeo. En definitiva, ser europeo, sentirse de la Unión Europea actual, es entender la realidad desde el sincretismo cultural.

 

Un texto, por tanto, imprescindible para conocer cómo se pasó de la edad antigua a la edad moderna, desde la aparición de múltiples renacimientos, porque: “El Renacimiento italiano fue original, pero no fue huérfano” (p. 170).

 

 

 

 

 

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